Los antioxidantes contribuyen a tener un sistema inmunológico sano y a prevenir el desarrollo de enfermedades como el cáncer, el infarto de miocardio, el ictus y los procesos neurodegenerativos. Pero, ¿de qué forma actúan en nuestro cuerpo? ¿Y cómo podemos incorporar estos agentes a nuestro organismo?
Básicamente, los antioxidantes son compuestos sintetizados por las plantas en sus diferentes partes (frutos, hojas, ramas o raíces). Muchos de ellos contienen grupos hidroxilo (OH) en estructuras basadas en anillos bencénicos, aunque existen otros tipos con diferentes configuraciones químicas. Su presencia en los alimentos es fundamental, ya que ayudan a preservar sus propiedades organolépticas y a retrasar la oxidación. Además, al ser ingeridos en cantidades adecuadas, pueden contribuir a la protección de la salud al neutralizar los radicales libres.
Eficaces contra el estrés oxidativo
Su función como reductores del estrés oxidativo es lo que los hace tan esenciales. En el metabolismo celular se liberan una serie de compuestos reactivos de oxígeno (ROS), los llamados radicales libres, cuyos efectos sobre todos los elementos celulares pueden producir daños. En una persona joven y sana, los radicales libres de oxígeno son rápidamente neutralizados por antioxidantes naturales y enzimas antioxidantes. Sin embargo, en enfermos crónicos o en personas mayores, este sistema de defensa puede volverse menos eficiente, favoreciendo el daño celular, la aparición de enfermedades y el envejecimiento acelerado.
Además, una dieta poco equilibrada, el consumo excesivo de alcohol y tabaco, una alimentación rica en grasas y el sedentarismo, entre otros factores, pueden aumentan la producción de radicales libres en el organismo. También influyen el estrés, la contaminación y la exposición a la radiación UV. Por eso es tan importante consumir alimentos ricos en antioxidantes, como frutas, verduras, frutos secos y legumbres, además de mantener una vida activa, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol.






