El periodista Ángel Díaz plantea una reflexión sobre la evolución de la inteligencia artificial a diez años de hitos como la victoria de AlphaGo sobre Lee Sedol en marzo de 2016. En su análisis, destaca que, si bien la tecnología ha alcanzado una madurez técnica evidente en campos como la medicina y el desarrollo de fármacos —ejemplificado por el Nobel de Química otorgado a los creadores de AlphaFold 2—, el verdadero reto reside en la capacidad de las sociedades humanas para gestionar este avance.
La nota subraya que la integración de la IA en la vida cotidiana y el entorno empresarial ha generado una dualidad entre la expectativa de mejora y el temor al desplazamiento laboral. Citando datos de la Fundación BBVA, se indica que en España el 58% de la población ve a la IA como un complemento al trabajo humano, mientras que un 79% confía en su impacto positivo en la salud. Estos indicadores reflejan un optimismo moderado que convive con una prudencia necesaria ante el alcance de la automatización.
Finalmente, el autor sostiene que la regulación, el establecimiento de límites éticos y la decisión sobre el empleo de estas herramientas son tareas exclusivas de la voluntad humana y el ejercicio democrático. El texto concluye que la inteligencia artificial no puede ni debe sustituir la responsabilidad política y social de decidir su propio rumbo, enfatizando que frente a la incertidumbre tecnológica, el fortalecimiento de las instituciones y el debate público representan el mejor mecanismo de control.






