El libro «Amistad: Un Ensayo Compartido», de Mariano Sigman y Jacobo Bergareche, reviste el formato tradicional del ensayo solitario para proponer un enfoque dialógico y colectivo sobre la amistad, emulando los banquetes platónicos. Los autores organizaron reuniones en la Nave Bellver de Madrid, donde personas diversas compartieron sus experiencias y reflexiones sobre este vínculo fundamental.
El texto explora la química de la amistad, sugiriendo que, a diferencia del enamoramiento, la amistad busca la similitud. Se plantea que el cuerpo, incluso de manera inconsciente, rastrea la afinidad química. Sin embargo, más allá de lo biológico, el mutuo entendimiento y la empatía son cruciales para consolidar la amistad, implicando compartir los triunfos, dudas y desvelos del otro. Marta Peirano subraya la necesidad de fricción y sincronía, es decir, el compartir un espacio físico, una «zona proximal» de Vigotski, para que el vínculo se afiance.
El ensayo también aborda los desafíos de la amistad en un contexto extranjero, donde el choque cultural o la falta de intimidad pueden obstaculizar la formación de lazos profundos. No obstante, se argumenta que la amistad es adaptativa y puede sobrevivir si se logran traducir las distintas formas de expresar aprecio.
Entre las voces que enriquecen este banquete de ideas, se cita a Aristóteles y sus tres tipos de amistad: por placer, por utilidad y por virtud, destacando esta última como la más aspiracional por su capacidad de inspirar la mejora personal. Otro punto clave es la pérdida de dignidad ante un amigo, la capacidad de mostrarse vulnerable y sin formalidades, revelando las imperfecciones y permitiendo al amigo «derribar la imagen pública».
Se discute también el fin de la amistad, un tema poco explorado en la literatura. Más allá de las traiciones extremas, la mayoría de las amistades se apagan con el tiempo y el alejamiento de contextos compartidos. A partir de estas conversaciones, los autores proponen la teoría de los tres pisos de la amistad: tolerarse, aceptarse y extenderse. Este último nivel, el más complejo, implica descubrir una nueva versión de uno mismo gracias al amigo.
Finalmente, el libro resalta que un amigo es espejo y recolector de recuerdos compartidos, dotando de sentido a nuestras vivencias. Aunque la soledad metafísica es ineludible, un amigo puede crear la «ficción de reconfortar» esa soledad, acompañándonos en el camino de la vida y ofreciendo refugio en los momentos más difíciles.






