Vicente Fox no solo tiró desconsideramente por la borda la oportunidad histórica de cambiar el país desde la presidencia como primer líder de la alternancia; también desperdició la posibilidad de resarcir, con silencio o al menos con mesura, un poco de su imagen deteriorada y lastimosa. Quien fuera la némesis del PRI se ha convertido por voluntad propia en marioneta del esperpento tricolor. ¿Qué puede aportarle al país y a las causas democráticas —nunca satisfechas— esa fórmula de cartuchos quemados? Más que lástima, vergüenza; más que aliento, sofoco, y más que liderazgo, lastre e indignación ciudadana.
El PRI tuvo líderes respetados y brillantes como Jesús Reyes Heroles, quien, como secretario de Gobernación en la época de José López Portillo, construyó más democracia que todas las oposiciones juntas. El ideólogo de la reforma política-electoral de 1977 lidió con un talentoso y aguerrido José Ángel Conchello, entonces presidente del PAN. Hoy el PRI es encabezado por un porro aficionado al hurto, según las acusaciones de la Fiscalía General de la República y las crónicas periodísticas: Alejandro Moreno. En uno de los momentos más críticos de su historia, a Acción Nacional lo dirige un diletante gris y pesado como el plomo que hunde a su partido.
¿Qué credibilidad y autoridad moral tiene Fox para encabezar una cruzada contra el movimiento político y social (Morena) que él mismo impulsó desde Los Pinos cuando desaforó a Andrés Manuel López Obrador como jefe de Gobierno de Ciudad de México y maquinó el fraude electoral que privó al caudillo de la presidencia en 2006 para imponer a Felipe Calderón? La opción del mal menor tampoco funcionó, pues la guerra calderonista contra el narcotráfico, puesta en manos de un «Lutero» como Genaro García Luna, desató el caos que aún vive el país.
Fox abomina de los programas sociales de la Cuarta Transformación al tiempo que pide que se restituya la pensión, el equipo y el personal que AMLO canceló a sus predecesores y sucesores, cuyo costo para el país era de cientos de millones de pesos al año. Con el mismo cinismo y desparpajo llama «huevones» a los jóvenes, adultos mayores, madres trabajadoras y discapacitados que reciben pensiones y becas del Gobierno federal. En el pasado esos recursos eran para «rescatar» a bancos, constructoras y a otros aliados del poder como pasó en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y en los subsecuentes.
Apoyarse en la imagen de Vicente Fox, Alejandro Moreno y sus secuaces para incitar el voto contra Morena en las elecciones de 2027 es una invitación, sobre todo a los jóvenes, a repudiar al PAN, al PRI y a sus candidatos. Figura de la vieja guardia tricolor, el exgobernador de Chiapas, José Patrocinio González Blanco Garrido, no era precisamente un dechado de virtudes, pero sí un hombre congruente. Cuando el PRI se alió con el PAN y el PRD para las elecciones de 2021, renunció a su militancia. En su carta de dimisión, fechada el 23 de diciembre de 2020, González le recuerda a un arribista como Moreno: «En 1950, antes de cumplir los 16 años, ingresé a la organización clandestina de las juventudes trotkistas como protesta ante la ostentación y corrupción del Gobierno en turno (encabezado por Miguel Alemán Valdés, cuyo nombre omite)». Dos años después —prosigue— «estudiantes de la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM (…) decidimos apoyar la candidatura de don Adolfo Ruiz Cortines por ser un ejemplo de honestidad y austeridad republicana (…).
»Hoy, a los 86 años de edad, me entero que usted y otros dirigentes han decidido ir en alianza o coalición con el PAN y el PRD. (…) no alcanzo a entender cómo es posible que mi partido se alíe con el PAN en claro olvido (…) de las insalvables diferencias que tenemos con ese partido de la reacción. (…) sabe —le dice a Moreno— que hoy el PRI no tiene opción de triunfo, y en eso coincido, pero difiero de su actitud (…), es el momento de preservar los ideales para construir una oposición crítica y constructiva y no ser solo parte y voceros de una vergonzosa alianza de perdedores. (…) lo correcto sería que fueran ustedes quienes renunciaran por su actitud de traición ideológica».
Los perdedores han vuelto a renovar su alianza.






