La mesa de Chita.
Por: Orestes Gomez Rodríguez.
En la mesa de Chita todos tenían cabida y según recuerdo desde mi infancia una invitada especial de los jueves era la tía Ninfa Arizpe Rodríguez, a la vez vecina de Castelar para lo cual éramos enviados mi hermana Luzma y este torvo sujeto en comisión, para acompañarla tanto en la víspera como en la despedida.
Los manjares que mi madre preparaba incluían recetas antiguas de su lado materno y paterno amen de algunas de su suegra doña Lupe Ramos, que al tiempo eran las preferidas de mi padre.
Sopa de tomate y papa, tacos de picadillo y chile colorado, caldo de albóndigas con su respectivo tuétano, sopa de fideos con machaca y garbanzo, milanesas espectaculares, chiles rellenos troceados, (aquí un breve espacio para limpiar su babita) peneques, costillas de cerdo o cordero al cocedor, cortadillo norteño, crema de elote, picadillo con papas, quesadillas con piloncillo, pepitorias de nuez, mole Gala, tinga de res y otras delicias que en lo cotidiano solían deleitar el paladar de la familia .
Tiempos lejanos de la necesaria convivencia a la hora de la comida y cena y el homenaje a la preparación de alimentos naturales alejados de conservadores y saborizantes. Nunca olvidare los sabores de la leche bronca de la huerta las delicias, la crema Pepi, el queso de General Cepeda, las tortillas de Cholita, las bendiciones de harina de la tía Martha o las de salvarina de mi madre, las peras de la Joya del tío Daniel Morales, los chabacanos de la casa de mi abuela materna María Melo o los duraznos de la huerta de Gabriel Gomez y los rábanos, tomates y elotes de la tenería de santa maría del tío Adán Gomez. ¡Oh tiempos!
Hoy la época es la de las comidas afuera y las sazones artificiales en parte por lo complicado de las labores que apenas dan tiempo para tomar el lunch en la empresa o la oficina, las ciudades crecieron y así las distancias para trasladarse a casa a la hora de la comida.
La cocina se apagó en la casa desde hace años y por ende la oportunidad no solamente de la convivencia, sino también de la buena nutrición.
La estufa cerró y dio paso a la comida para llevar hecha con ingredientes de baja calidad como el fast food que provocaría una generación llena de colesteroles, artritis, problemas renales, hepáticos y obesidad entre innumerables consecuencias.
Según una encuesta de la revista Parents a inicios de los años 70, el 73% de los hogares norteamericanos tenían esposo, esposa e hijos viviendo juntos en casa y hoy solo el 20% lo hace en casa. El 15% de las mujeres viven solas y la tasa de divorcios es la más alta del siglo.
El costo social de haber preferido cerrar las cocinas en el mundo ha repercutido en la dinámica de la soledad y el saludo solamente por celular o ahora por watsup si bien te va.
La opción se cerró y no se supo cuando inició esto y lo mas lamentable es que si se sabe cuál será el final y será el de la soledad y el abandono.
Los pequeños lujos de la tribu Gómez Rodríguez era el de la comida de fin de semana: carnitas del Marios el sábado y pollos rostizados de la Canasta los domingos, el resto de los días la comida era en casa y con sus horarios delimitados, tradición que continuó mi madre aun cuando enviudó y los recursos fueron reducidos.
Atrás los tiempos en los que incluso para viajar en familia, se llevaba lonche de la casa, en este caso los deliciosos taquitos de harina sudados de frijol con chile colorado, machacado o chorizo con huevo y hoy se pide comida de fuera por plataforma para comer en casa y lo peor es que no sabemos cuando fue el rebase de los tiempos y su quebrantamiento.
Para nuestro país las cifras de ese abandono son terribles: Un 36% de las personas consume o solicita comida para llevar al menos una vez a la semana, y 44% lo hace de una a dos veces por mes.
Por ejemplo, Sólo en DiDi Food, los pedidos de comida crecieron un 19% en los primeros siete meses de 2026, alcanzando 12.4 millones de pedidos.
Lo bueno es que aun hay tiempo de recuperar lo perdido y el paso es simple, hay que encender la cocina y no solamente la estufa y que regrese la convivencia y el calor de hogar.
Ya el verdadero libro emitió la sentencia en su salmo 128: “Dichosos todos los que temen al Señor, los que van por sus caminos. Lo que ganes con tus manos, eso comerás; gozarás de dicha y prosperidad. En el seno de tu hogar, tu esposa será como vid llena de uvas; alrededor de tu mesa, tus hijos serán como vástagos de olivo. Tales son las bendiciones de los que temen al Señor.”






