En venta mi país.
Por: Orestes Gómez Rodríguez
Después de la guerra de 1847 de los estados unidos contra Mexico, solamente en dos ocasiones más han existido estados de crisis en la relación bilateral, considerando que en los años 60 se había llegado al reclutamiento de dos ex presidentes como agentes de la CIA, por lo que la relación era de mutuo apoyo sobre todo ante la amenaza de la marea roja en América Latina y un posible ataque por la puerta trasera de los gringos.
En los años 80 con el asesinato de Kiki Camarena, atribuible a Caro Quintero en complicidad con políticos y militares de alto rango, el gobierno americano ejerció una tremenda presión a la administración de La Madrid y bloqueo por varios años el ingreso de Mexico a la comunidad de comercio hasta en tanto no se extraditara al personaje.
Antes John Gavin como embajador había llevado la relación bilateral a la burla perniciosa y retadora, ante el hieratismo de la administración mexicana.
Trump en dos ocasiones ha sometido a la 4T y evidentemente esta ha bailado al son que le toquen a efecto de su supervivencia como movimiento antes y hoy como partido.
En la primera oleada de madrazos del pelo de Barbie arrumbada al ex presidente López Obrador, fue obligado a incrementar en mas de un 100% el salario mínimo y frenar el flujo de migrantes.
El contubernio de la 4T con los grupos del crimen organizado resultó evidente y fue un jugoso negocio en el aspecto político para Morena por un lado y económico para los criminales, sin embargo nunca contaron los del gobierno que estos últimos se tornaron incontrolables y con estrategia militar superior al mismo ejército mexicano y los remedos de policías que fueron creados para alimentar al lumpen de la sociedad que fue creada por la decadente administración López obradorista, que a través del populismo desmedido alienta al pueblo para ser verdugo del mismo pueblo, en un laberinto del que ni el mismo Borges tiene solución.
En la segunda vuelta, Trump venía en serio y el error de cálculo fue de la presidenta Sheinbaum y su deficiente equipo de negociadores. Ebrard al frente de un puñado de inexpertos y asustadizos que cedieron en todo en cada viaje a la capital americana y retornaron con las cajas destempladas, al decir de mi sabia abuela.
Creyeron que con el estilo de las cajas chinas que cada día presentan al pueblo mexicano, podían encantar al güero y fallote (Chava Flores dixit).
Un decomiso de “fentanilo” por aquí, de mercancía china de fantasía por allá o el despliegue de la soldadesca en la frontera no engañaron al gobierno americano que seguía poniendo el dedo en el renglón de la insuficiencia de resultados y la amenaza de imponer aranceles a productos mexicanos.
La administración Biden, golpeo mortalmente al régimen de AMLO cuando se llevaron frente a las narices de la impunidad al Mayo Zambada y aunque el reclamo fue aislado por un tiempo, bastó una carta del procesado para cimbrar al gobierno de la presidenta con “a”.
Descubierta la liga secreta del gobierno con los diversos carteles para el control del voto duro, no quedo otra mas que negociar con la última carta del gobierno mexicano a fin de evitar no solamente los aranceles, sino que Zambada fuera juzgado con pena de muerte en ese país.
Durante años, diversos capos habían poblado las cárceles de alta seguridad de Mexico y habían sido “considerados” a fin de evitar su extradición, a pesar de tratarse de criminales que habían aterrorizado a la población civil y al gobierno de varias entidades y pueblos.
Las matanzas de San Fernando, Allende, el atentado de la plaza de armas de Morelia, la quema del casino Royale o el granadazo frente a la embajada de los estados unidos en Monterrey, fueron acciones tendientes a crear el terror no solo a los grupos antagónicos sino en los ciudadanos de a pie.
La política de abrazos, no balazos y que los criminales tienen derechos, fue la praxis que sumió al país en la mas cruenta etapa de violencia y la perdida de la inocencia de la población y su capacidad de asombro.
Hoy se vende esta patria al mejor postor gringo, que nos dirá cuanto ganar, cuanto gastar, cuando viajar y disfrutar. Se vende mi país y se somete sin condiciones ante el descaro de sus autoridades ineptas y voraces.
Oscar Chávez lo definió mejor:
“Se vende mi país, está en oferta/
Se vende su razón alta y despierta/
Se vende su lugar en este mundo/
Se vende lo más querido y más profundo”.
Se vende y punto.