Expedición.
A Issa por 38 años de matrimonio en estado de dicha.
Que buena noticia, que aun dentro de este mundo salvaje y moderno de trapacerías, aun exista el amor como tónico curativo, como brebaje de ilusión, de realidad y de esencia.
Las bases de la sociedad están apuntaladas con diversos valores que han persistido a lo largo de los años siendo precisamente el amor, la sustancia que amalgama y nutre el sostenimiento de los mismos y entrega a sus hijos lo mejor de sí.
Estoy seguro que dios lo invento, a pesar de que somos descendientes de un homicida en Caín, porque el perdón borro la acción cruel y broto el amor como quien resucita o da una nueva vida, así lo creo o al menos lo sospecho.
Ya Sabines había descifrado el secreto en su poema: los amorosos: “…Su corazón les dice que nunca han de encontrar, /no encuentran, buscan. /Los amorosos andan como locosporque están solos, solos, solos, /entregándose, dándose a cada rato, /llorando porque no salvan al amor.”.
Y precisamente en esa búsqueda surge la expedición, esa que iniciamos Issa y yo cuando jóvenes le apostamos a una vida juntos, en la unidad de un amor que se convirtió en la complicidad necesaria para crear y hacer cosas de bien. Sin mas tesoro que el anidado en nuestros corazones y la ilusión de formar un hogar pequeño al inicio con mesa y pan, decorado con cariño y mantenido con alegría y el diario: ¿cómo te fue?
El recién entrenado papa León el XIV, nos entrega una formula sencilla y profunda para sostener al matrimonio: “…El amor conyugal no se limita al atractivo erótico —que también forma parte de él—, sino que abarca toda la voluntad de los esposos, reavivando su afecto y expresándose mediante sentimientos y gestos de ternura (cfr. GS, 49). Este amor abarca el bien de toda la persona del hombre y de la mujer, iguales en dignidad; impregna toda la vida de los cónyuges y encuentra expresión en los actos exclusivamente propios del matrimonio (cfr. ibid.). La especial intimidad de los esposos significa el amor integral de persona a persona, favorece el don recíproco y enriquece su mutua alegría”.
Según la asociación Nacional Marriaga Project más allá de la esfera familiar, el matrimonio contribuye al fortalecimiento del tejido social. Familias estructuradas y estables fomentan valores como la responsabilidad, la solidaridad y la cooperación, generando comunidades más cohesionadas y resilientes. Y en sus palabras:” las comunidades con mayor proporción de matrimonios estables registran menores índices de violencia juvenil, delincuencia y abandono escolar.”
En el contexto social se ha observado, por diversos sociólogos, que las familias basadas en matrimonios sólidos tienden a participar más activamente en actividades comunitarias y programas educativos, reforzando los lazos sociales y promoviendo un entorno seguro y positivo para todos. De esta manera, el matrimonio no solo beneficia a los miembros de la familia, sino que también actúa como un catalizador para el desarrollo comunitario y social
Y esa unión tiene varios objetivos ya que el matrimonio no es solo una condición temporal que luego desaparece pues, al igual que ser madre no es algo que se elimine al crecer los hijos, por lo que esta unión adquiere esa función de cuidar y transmitir la vida, establece un vínculo y un compromiso sólido y atemporal además de otras funciones a saber: establecerse como talante de relaciones humanas duraderas y fundamentadas en el amor; y transmitir valores que forjen personas para el bien y buscadoras de la verdad.
Pudiera decirse que el matrimonio se constituye en una unión de dos personas que, sin perder su individualidad, deciden vivir y experimentarse como uno y, por consiguiente, orientan su voluntad a la construcción de una nueva entidad entre el “tú” y el “yo”
Y así, un día de san Judas que llovió torrencialmente, Issa y yo unimos nuestras vidas y desde entonces.
Volviendo a la expedición narrada arriba y durante estas casi 4 décadas de estar juntos en corazón y alma, han de saber que siempre nos ha salvado el amor en todas nuestras dificultades y es precisamente ese homenaje sobre el que entrego y doy cuenta.






