La reciente disculpa de Adidas en Oaxaca por el diseño de sus sandalias «Oaxaca Slip-On» nos invita a una reflexión profunda que va más allá del simple acto de pedir perdón. La controversia, que se centró en la apropiación cultural de los tradicionales huaraches, plantea una pregunta compleja: ¿se está gestionando esta defensa del patrimonio de la mejor manera posible? Si bien es indiscutible que los pueblos originarios tienen el derecho y la necesidad de proteger su legado, la reacción en este caso particular nos lleva a considerar si no se perdió una oportunidad valiosa.
En un mundo globalizado, la cultura es una fuente de inspiración constante, pero la línea entre la inspiración y la explotación es, a menudo, muy delgada. En lugar de limitarse a denunciar, ¿no se podría haber aprovechado el interés de una marca mundial como Adidas para generar un impacto positivo y duradero en la región? Pensemos en lo que hubiera significado una colaboración genuina. Una asociación estratégica podría haber garantizado que el diseño respetara la tradición, que parte de las ganancias se destinara directamente a las comunidades artesanales y que el nombre de Oaxaca no fuera solo una etiqueta, sino un sello de autenticidad.
La defensa del patrimonio cultural no debería ser solo una batalla por los derechos, sino también una estrategia para el desarrollo. El protagonismo de del gobernador de Oaxaca, Salomón Jara podría haberse manifestado no solo en la denuncia, sino en la cocreación de un producto que llevara su historia y su arte a una audiencia global. La disculpa pública de Adidas, aunque simbólicamente importante, pone de manifiesto una verdad incómoda: se pudo haber evitado todo el conflicto si desde un principio se hubiera buscado una alianza con los verdaderos dueños de la tradición.
México tiene una riqueza cultural inmensa, y su defensa es admirable. Sin embargo, el camino de las denuncias constantes, sin una visión que busque acuerdos productivos, corre el riesgo de cerrar puertas a oportunidades que podrían beneficiar económicamente a quienes más lo necesitan. El gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, y otros líderes, tienen una gran responsabilidad. Defender lo nuestro es vital, pero hacerlo de forma que genere alianzas y prosperidad es el verdadero reto. La situación de Adidas en Oaxaca pudo ser un gran ejemplo de colaboración entre una gran empresa y comunidades ancestrales. En lugar de una polémica, pudo ser una historia de éxito que mostrara al mundo el potencial de la cultura mexicana más allá de las fronteras.
Para aprender del conflicto de Adidas en Oaxaca
La controversia generada por las sandalias de Adidas no es un incidente aislado. Casos similares con marcas como Shein, Zara o Carolina Herrera han puesto de manifiesto la creciente preocupación por el uso no autorizado de diseños indígenas. Sin embargo, la situación en Oaxaca destaca la necesidad de cambiar el enfoque de una postura puramente reactiva a una proactiva. La indignación, aunque justificada, no debe opacar la posibilidad de negociación.
El hecho de que el producto ni siquiera hubiera salido al mercado demuestra que Adidas estaba dispuesta a dar marcha atrás. Esta flexibilidad pudo haberse aprovechado para negociar un acuerdo. Unos pocos millones de dólares, como se menciona en el texto, habrían podido transformar las condiciones de vida de las comunidades. Hubieran servido para comprar mejores materiales, mejorar los talleres, financiar la producción o incluso expandir su negocio artesanal a nuevas fronteras. Se perdió una oportunidad de crecimiento económico bajo la bandera de la protección cultural.
Es fundamental que la defensa de la cultura mexicana se traduzca en una estrategia clara que busque empoderar a los artesanos, no solo proteger sus diseños. Esto implica la creación de protocolos de negociación claros, la formación de comités que puedan representar a las comunidades en estas discusiones y la búsqueda activa de alianzas que beneficien a ambas partes. De lo contrario, se corre el riesgo de que el patrimonio cultural se convierta en una pieza de museo intocable en lugar de una fuente viva de sustento y orgullo para las comunidades que lo preservan.
En resumen, la polémica de Adidas en Oaxaca nos deja una lección importante: la protección cultural debe ir de la mano con la promoción económica. La denuncia es una herramienta poderosa, pero la negociación es la que abre caminos. ¿No sería más beneficioso que la próxima vez que una gran marca se interese en un diseño mexicano, la respuesta sea una propuesta de colaboración en lugar de una crítica mediática?






